Pequeños placeres

«No pases tanto tiempo persiguiendo los grandes placeres de la vida mientras descuidas los pequeños. Afloja el ritmo. Disfruta la belleza de todo cuanto te rodea». Una cita de Robin S. Sharma, unos de los mejores expertos en liderazgo y desarrollo personal a nivel mundial.

Se pueden citar miles de autores para hablar sobre las bondades de lo cotidiano, y nunca fue más acertado hacerlo en estos momentos. Somos los protagonistas de un libro de OSHO o de Paulo Coelho: los pequeños momentos son los que hacen grande una vida, disfruta de los pequeños placeres, si la vida te da limones haz limonada (quería citar a los limones, simplemente, y disfrutar de ello).

Así que tras esta breve introducción os hablaré de mi pequeño placer, ese ritual diario y nocturno del que disfruto tanto: tirar la basura.

¡VOY YO!

Ir a la cocina, encender la luz presionando el interruptor, oír cómo el fluorescente despierta e ilumina la estancia. Pisar el pedal del cubo de la basura haciendo que la tapa se levante con energía. Acariciar el borde superior de la bolsa buscando las asas y tirar hacia arriba con fuerza para extraerla. Hacer un nudo con maestría y con una sonrisa en los labios coger las llaves de casa y salir. Voy erguida cual bailarina y mirando al frente floto entusiasmada como si fuera a ir al cumpleaños de mi mejor amiga. Tras la primera esquina del pasillo elevo mi pierna como si fuera una yudoca con cinturón verde y haciendo contrapeso con la bolsa de basura (mi tesoooroo) pulso con delicadeza el botón que dará luz a las escaleras: lo hago con delicadeza porque hago yoga.

Empiezo a bajar las escaleras y cada escalón que bajo hace que mi cuerpo se estremezca al sentir la tensión y el calor en mis piernas, por fin algo de ejercicio fuera de la jaula. Y atención porque llega el mejor momento de la noche, llega el culmen del proceso, el cenit, ¡la cima! (sinónimos sacados del libro de sinónimos y antónimos que tengo en mi librería de detrás de cuando hago una videollamada). Cuando abro la puerta y salgo a la calle el viento choca contra mi cara, siento el frescor de la noche y el olor. ¡¡Oh!! Ese olor a lluvia y suelo mojado, a calle; se puede oler la libertad, el deseo y el anhelo de tiempos pasados. No dura más de un minuto pero es una experiencia que te marca.

¡De nada! A partir de ahora cuando vayas a tirar la basura te acordarás de todos los detalles de este maravilloso ritual y le tendrás más respeto. Y si lo disfrutas como yo lo hago es que has entendido el sentido de la vida. Palabrita de OSHO.

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