Amor de madre y padre

Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.

María Teresa de Calcuta.

Escribiré hoy sobre los padres desde mi posición como hija; quizás llamó a mi puerta la nostalgia al tenerlos lejos y no poderlos abrazar. En la situación en la que estamos de confinamiento cada día nos visitan ansiedades, sentimientos y recuerdos que nos hacen reflexionar sobre nuestro entorno: familiares, amigos, amores y desamores. Si estamos vivos y nos late lo que llevamos en el pecho esto es a lo que nos enfrentamos: añoranza por los que no están con nosotros.

Mi reflexión se entenderá si ya tienes más de 30-35 años, edad de maduración actual (qué pena). Y si no los tienes aún quizás aprendas algo. ¿Podéis ver como yo la evolución de vuestros padres a lo largo de los años y cómo os habéis relacionado con ellos en las distintas etapas de vuestra vida? ¿Entendéis ahora su comportamiento ante situaciones que os causaron una conmoción y que hoy veis de otra manera y sois capaces de perdonar y comprender?

Habrá personas que no hayan tenido suerte con sus padres y aún no entiendan nada: hubieran preferido ser criados por una manada de lobos, como Mowgly. Mi apoyo incondicional para esos supervivientes que son buenas personas a pesar de lo que les tocó. Y si encima no han repetido los errores de sus padres con sus propios hijos… Se merecen un apartamento en Torrevieja.

Si echo la mirada atrás y me voy a mi época de adolescente recuerdo a una madre estricta, seria y repartiendo papeletas para sortear castigos: por no comer, por no estudiar, por no ir a inglés, por pelearme con mi hermano, por tener novio y hasta por respirar. Trabajaba mucho, llevaba la casa y demasiado hacía que no nos tiró por el balcón a los tres. Menos mal que con el tiempo se ha relajado y ya no reparte papeletas. Además no puede correr tanto, por las rodillas, tiene artrosis. Mi padre era el poli bueno: a veces también le caían papeletas y mi madre en vez de tener 3 hijos tenía 4 (papi no te enfades).

Con 30 años mi madre ya tenía tres retoños corriendo por la casa, como la mayoría de las madres en la época de los 80. ¿Alguien tiene una amiga hoy con 3 hijos o más? Yo tengo una, pero es de otro planeta, se cayó en la marmita como Obélix. Tiene una energía desbordante y cada vez que hablo con ella siento que yo no hago nada por la vida. Como ejemplo para que os hagáis una idea: en su despedida de soltera fue ella la que le bailó al «Boys». Ella nunca se cansa, nunca se pone mala y siempre está con una sonrisa en los labios. Ella es mi heroína.

Eran otros tiempos, otra época, éramos más maduros, teníamos más ayuda…Frases típicas cuando hablas con tus padres sobre lo de la cigüeña. Yo creo que no pensaron en lo que se les venía encima, no tenían la opción de pensar: es lo que tocaba y «palante». Con sus fallos y sus aciertos, superaron la carrera de obstáculos como pudieron.

Ahora entiendo muchas de sus decisiones que en su día no comprendí; entiendo sus enfados y sus castigos. Si tuviera una máquina del tiempo volvería a ser una niña y me portaría mejor: no me escondería detrás de un sofá en una tienda de muebles durante una hora, ni me bebería un vaso lleno de pintura mientras mi madre pintaba una reja. Quizás quería llamar la atención porque era la mediana y no me hacían mucho caso: excusa que utilizamos los de en medio para justificar nuestra estupidez y dar penita.

Mi padre es un padre atípico. Recuerdo que siempre nos decía ¡no os caséis! ¡no tengáis hijos! ¡como traigáis niños a casa los meto en el horno! ¡Vete a Lisboa y te pegas un buen romance! Si necesitáis matar a alguien sé cómo hay que hacerlo para no dejar huellas. Era una conversación muy entretenida en las sobremesas de los domingos hasta que fui con una amiga a visitar a mis padres una tarde. Ella triste por temas de trabajo: no soportaba a su jefe. Se lo contó a mi padre y salió a escena su lado Al Capone el cual le dio la solución. Mi amiga no daba crédito y entendió por qué yo soy así. Miraba a mi padre, me miraba a mí con los ojos cada vez más abiertos… Es lo que tiene tener un padre sin filtros. Yo no entendía bien por qué me decía esas cosas, lo del asesinato no, lo otro. Él tiene un matrimonio feliz y tres hijos… Yo por si acaso le he hecho caso.

Lo que tengo claro es que les debo todo y los quiero como a nadie en este mundo. Cuando todo esto pase debemos intentar pasar más tiempo con ellos, no enfadarnos cuando intentan aconsejarnos, darles muchos besos, abrazos y escuchar: escuchar la voz de la experiencia.

Para terminar nos haremos varias preguntas y reflexionaremos sobre las respuestas:

  • ¿Harías los sacrificios que ellos hicieron por ti?
  • ¿Tienes paciencia con ellos cuando te dicen algo que no quieres escuchar?
  • ¿Le hablas mal a tu madre y/o padre cuando se te acaba la paciencia?
  • ¿Serías capaz de hacer o sólo imaginarte lo que ellos han hecho para poder criarte y darte lo mejor?
  • ¿Desde cuándo no le preguntas a tu madre y/o padre «cómo está» y le escuchas?
  • Si cuidan a tus retoños ¿se lo agradeces?¿Les preguntas si tienen planes o das por hecho que es su deber?

Quizás ahora que no los tienes a mano te estés planteando todas estas cuestiones. Nunca es tarde para ser un buen hijo/a, y más si aún están en tu vida.

¡Cuando seas padre comerás huevos! Una frase maravillosa.

Con amor para mi Madre Guerrera y para Don Carlo Gambino.

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