¿Quién no ha dicho alguna vez en su vida esta frase? Quizás lo hemos dicho al ver a dos personas que conocemos inmersos en una historia de amor y que no dábamos un duro por ellas, porque eran la noche y el día. De este tema hay mucha documentación: estudios científicos, ensayos, artículos y hasta vídeos para darte las claves de cómo encontrar una pareja afín. Pero desde luego la pantomima esta de que «los polos opuestos se atraen»… Yo lo dejaría para las clases de física.
«¿Quién dijo que los polos opuestos se atraen? Sí, se atraen, pero nada más; no se comprenden».
Alberto Fuguet (Periodista, escritor y cineasta chileno).
¿Cuánto tiempo le darías a un reguetonero que empieza a salir con una escritora de novelas policíacas? Me los imagino a los dos en el salón por la noche después de cenar, ella intentando escribir la escena del crimen con una copa de vino y un buen queso de postre: «Tomás perdió el rumbo y ya no sabía hacia dónde correr; escuchaba los pasos del asesino tras él, como latidos de un corazón que está a punto de quebrar». Y el reguetonero comiendo risketos con coca cola e intentando hacer rimas con amol, dolol y pasión: «Mi amol todo mi dolol lo tengo escondido; mira aquí abajo, fluye como un río, esto es pa ti. Yo te soy fiel hasta el amaneser«. Creo que encontré mi vocación: me ha salido mejor lo de la canción de reguetón.

Si nos fiamos del buen criterio y la razón habrá que buscar una pareja con aficiones similares, formas parejas de ver la vida y/o cualidades para poder imitar y adquirir como propias. Algo que me parece muy gratificante es aprender de la pareja: si uno es muy ordenado y el otro es caótico, éste se puede beneficiar y aprender a ser más ordenado. Si uno es extrovertido y el otro es más tímido y reservado pueden beneficiarse mutuamente de las bondades de la vida social. Si os fijáis los términos son livianos, la transferencia no es extrema, hay un equilibrio en el cambio, el cual es positivo. Todo esto me parece enriquecedor. Pero si nos vamos a los extremos creo que no funcionará. Al final te cansas de no poder hacer lo que te gusta con la persona que tienes al lado: ¿Te gusta comerte un buen filete de buey argentino medio hecho? Por supuesto no lo harás con tu novia vegana al lado. ¿Disfrutas haciendo rutas en moto cada fin de semana? No lo harás con tu novio al que le dan miedo las motos. ¿Te imaginas de pareja a Arturo Pérez Reverte y Belén Esteban? Bueno, los dos escriben libros, quizás se entiendan. ¿Te gusta la dominación y los pantalones de cuero con agujeros en el trasero y a tu novia no? Llámame a mí. Mi teléfono es el 555 2368.
«El amor todo lo puede». Pues yo creo que no, todo todo no. Lo que al principio te resulta divertido y enternecedor se puede tornar con el tiempo en algo vulgar y desquiciante: «ahora todo me molesta, antes no me daba cuenta, era tan guapo y encantador… y ahora come con la boca abierta, se ríe como un cerdito, lleva camisetas interiores de canutillo hasta en verano y dice asín y almóndiga» (la rae se está volviendo reguetonera).
El amor es extraño, emocionante, embriagador. Parejas dispares y extrañas rodean nuestro círculo de amistades: hacen que nos hagamos preguntas, nos hacen pensar y hablar. Cada uno vive su historia como puede y como quiere. Nadie sabe lo que se cuece en cada casa. A lo que sí hay que aspirar es a buscar a esa persona que te quiera con tus calcetines blancos, que acepte tu risa de cerdito y que te admire como persona. Hay que dejar espacio, no hay que abandonar las amistades; hay que disfrutar de las aficiones comunes y de la soledad. Tiene que ser fácil, tiene que fluir. Y por supuesto búscate a alguien que te haga de comer, y que lo haga bien.
«Si tienes que forzarlo no es tu talla».
– Aplica para anillos, zapatos, pantalones, relaciones y amistades.