Estoy pensando en raparme la cabeza. Ya he visto algunas pelucas, por si no me queda muy bien, que es lo que más probable, comprarme dos o tres e ir cambiando de look según me apetezca. No son muy caras y parecen reales. Siempre me gustó Sinéad O’Connor, le queda genial la cabeza rapada y además canta como los ángeles. Mi problema es que ni sé cantar ni tengo su cara: mi hermano dice que tengo cara de «pan de pueblo», he salido a mi padre. Tenemos más cara que espalda: en el sentido literal y en el figurado. Lo que me da miedo es perder mi fuerza física y espiritual sobrehumana. Soy capaz de destruir templos y ejércitos con sólo el poder de mis brazos, como Sansón.

Los psicólogos nos recomiendan que nos hagamos las siguientes preguntas para analizar nuestro estado mental: comprobar si estamos perdiendo los nervios, hablando claro. ¿Sabes qué día de la semana es y en qué mes estás? ¿Cuántas veces has discutido con un familiar en las últimas 24 horas? ¿Comes compulsivamente? ¿Te duchas y aseas diariamente? ¿Pero qué me estás contando? ¡Si lo interesante de esta situación es poner a prueba tus límites! ¿Cuántos días puedes estar sin lavarte el pelo? Pues yo pensaba que unos 3 días, pero ya llevo una semana y ya me toca, la verdad. Y lo de ducharse todos los días… Creo que nos están vendiendo la moto. La industria del jabón nos ha dicho que hay que ducharse todos los días y nos lo hemos creído. Y lo de saber el día en el que vivimos, pues yo prefiero no saberlo, así cuando me lo dicen me sorprendo y se me pasan más rápido. ¿Discutir? No hay nada más bonito que hablar con la persona que quieres, gritar un poco, desahogarte y romper algún plato. Después lo recoges, y santas pascuas. Hay que hacer un pacto y que cada día tenga uno la razón. Solucionado. ¿Comer? Pues estamos comiendo a demanda, como los bebés modernos. Intenta por lo menos moverte un poco y así compensas. Otra pregunta interesante: ¿hablas con gente de tu entorno de algo que no sea el coronavirus? Aquí le doy la razón al psicólogo. En la mayoría de las videollamadas con mis amigos terminábamos siempre hablando del virus; era como poner las noticias, y para eso no me pongo la copa de vino. Lo solucioné con una aplicación muy divertida, se terminaron las noticias y empezaron las risas.
Cierto es que tengo días mejores y días peores, como supongo que todo el mundo. Depende mucho de la situación de cada persona: si está trabajando o no, y dónde. Si hay niños en casa, si estás solo/a, si tienes familiares enfermos, … De lo que sí estoy segura es que todos hemos tenido ese momento en el que te quedas quieto/a pensando en la situación tan surrealista que estamos viviendo y te dices: si nos cuentan esto hace tres meses, que no íbamos a poder salir de casa, que se iba a paralizar todo, por un virus, como en la película de «Contagio«… ¡Alucinante! Es como una novela de Stephen King o de Brandon Sanderson, ciencia ficción en estado puro.
“La preocupación es como una mecedora: te da algo que hacer pero nunca te lleva a ninguna parte“.
Erma Bombeck, humorista.
En los días que estés más triste o nervioso/a piensa que formas parte de una de estas novelas; eres protagonista de algo grande, que no ha sucedido en mucho tiempo y que marcará un antes y un después en tu vida. Habrás aprendido que no hace falta ducharse todos los días, y que la percepción del tiempo se mide en momentos y no en el calendario. Que puedes comer cuando tengas hambre y no cuando lo marque el reloj. Que tuviste una mala idea quitando el balcón y haciendo el salón más grande. Que los pijamas son un regalo muy importante y que las pelucas buenas cuestan un pastizal.
“Las cosas siempre podrán ser mejores, pero las cosas siempre podrían ser peores“.
Marla Gibbs, actriz.


