«Puedo escribir los versos más tristes esta noche«…
Esta vez quiero haceros llorar, quiero que la tristeza inunde vuestra alma. Que caigáis hasta lo más oscuro de una cueva y no veáis la luz, ni rastro de ella. Que sintáis en vuestro pecho inquietud, que vuestros ojos derramen dolor y que el sueño sea vuestro único consuelo. Estamos solos esta noche: nadie nos mira, nadie nos oye. Un gato maúlla a lo lejos y las nubes cubren las estrellas que el otro día veías.

Mírate fijamente a lo ojos, el espejo refleja tu yo más real: el espejo y tu dolor. Hoy vas a tener la dicha de sentir lo que quieras, no lo que te toca. Fuera máscaras, las que esconden tus notas al pie de página, las que bailan al son del papel que interpretas. Esta noche es solo tuya y de nadie más. Bebe vino, llora por lo que no has gritado, por las palabras que no has dicho y por los sueños que dejaste atrás. Quítate la ropa y danza hasta que las penas bailen contigo, te cojan de la mano y te susurren al oído: sin penas no hay alegría, sin dolor no hay ganador. ¡Vete con tus cuentos a otra parte! Puede que sí, pero puede también que no.
Tú no eres esa foto perfecta que nos enseñas, o quizás sí; a ratos, los viernes y también los sábados. Hoy eres la foto del domingo por la tarde que no vemos, esa foto que no haces. Hoy eres malos pelos y desayuno para la cena. Montaña de ropa en la silla de la habitación y los platos por fregar. Pero todos duermen y tú bailas. Mañana será otro día, menos triste seguramente. Goza de tus días grises. Lo mejor es abrazarlos con fuerza y caer con ellos, hasta el fondo. ¿Para qué? Para poder resurgir y paladear lo que nos traiga el amanecer, para sentir que estamos vivos y que no todo es luz. Sírvete de lo bueno y de lo malo, los dos forman parte de ti. No tapes lo que duele porque al final te tocará en el hombro cuando menos te lo esperes y te darás la vuelta sorprendido. Verás la cara oscura de lo que escondían tus risas forzadas y tu empeño en no encarar lo que te tocaba. Ríe ahora porque es lo único que podrás hacer. Risas amargas a destiempo. No lo vuelvas a hacer.
Necesito un final para este cuento de pacotilla, y que no se nos quede un mal sabor de boca. No voy a llorar por lo que no puedo hacer ahora, y no me angustiaré por lo que vendrá. No sirve para nada porque no depende de mí. Disfrutaré de ese vaso de vino y de mi danza nocturna de lágrimas amargas. Bailaré cuando todos duerman y abrazaré mis penas saladas. Mañana será otro día de risas en la pantalla, de fotos perfectas y de miradas que no engañan; o quizás sí.
El dolor envejece más que el tiempo, este dolor dolor que no se acaba, y que te duele todo todo todo sin dolerte en el cuerpo nada nada. A tantos días de dolor se muere uno, ni la vida se va, ni el corazón se para, es el dolor acumulado el que, cuando no lo soportas, él te aplasta. Mi accidente será un buen epitafio: Cuando una calle bajo el sol cruzaba, de dolor– o de amor– es lo mismo, murió desbaratada. "El dolor envejece más que el tiempo...", Gloria Fuertes.
Creo sinceramente que hoy te has superado a ti misma y este post es el de más calidad literaria, el más creativo, dejando salir mucha alma y también poniendo mucha alma en el escrito.
No puedo por menos que felicitarte porque es magnífico.
Un abrazo.
Vicente Ramos.
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¡Guau! Gracias por tus palabras, un abrazo.
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