El sueño de María (I): de arquitecta a au pair

Os voy a contar la historia de María. Es una historia real. Dicen que la realidad supera a la ficción, y ésta, su historia, la supera. Sería un buen guión para una serie de muchos capítulos porque desde que huyó a Inglaterra han pasado ya seis años. Digo “huir” para darle emoción, pero no le perseguía nadie. Bueno, sí, la crisis. 

Siempre que me contaba sus historietas  yo le decía lo mismo: tienes que escribir lo que te está pasando, puede ayudar a mucha gente que no se atreve a dar el salto, a salir, a buscar soluciones u otro camino. Aportaría un aprendizaje muy valioso para no conformarnos,  no adaptarnos a «lo que venga» y dar valor a los que no se deciden.

Ésta puede ser una historia típica de las que salen en “Españoles por el mundo”, pero os la voy a contar sin maquillaje, ese que ponen en la tele. Me gustaría ver un episodio de este programa sobre aquellos que tuvieron que volver a casa porque el mundo no les trató bien, con una mano delante y otra detrás. Éstas historias no salen en la tele, no son lo suficientemente azucaradas. Seguramente aprenderíamos más de ellos que de los que tuvieron un final feliz o más bien incierto, porque los finales felices no existen. Para mí el final sería la muerte.  Yo cuando leo lo del final feliz pienso en un ataúd con una persona dentro sonriendo (y en otra cosa, pero ahora no procede).

Tras esta breve introducción voy a narrar la historia de mi querida María. Empezaré a partir de la universidad, porque no tenemos todo el día.  Estudió Arquitectura en Sevilla; siete años en los que sus padres pagaban el alquiler y los gastos. Eligió la carrera que le gustaba, tuvo suerte en este sentido, y disfrutó de su etapa universitaria como cualquier otra estudiante que tiene el respaldo de sus padres. El último año de carrera tuvo la oportunidad de irse a París de ERASMUS. Esta experiencia marcó un antes y un después en su vida, ya que fue un año duro: no conocía el idioma, no conocía a nadie y sus padres le iban a pagar lo mismo que si estuviera  en Sevilla. Aquí María comenzó a trabajar la fuerza y la paciencia que años después le servirían para superar más de un obstáculo. A pesar de todo fue una experiencia maravillosa y aprendió mucho de la vida y de su trabajo.

María paseando por las calles de París.

Tras su año en París volvió a su ciudad natal para cursar el fin de carrera y consiguió un trabajo en un estudio de arquitectura. Estuvo dos años a cargo de un jefe que no le puso fácil el trabajo ni la existencia, pero ¿quién no ha tenido alguna vez un pendejo de jefe? De ellos se aprende mucho, sobre todo a identificar a los buenos jefes, cuando te llegan.

Tras finalizar su contrato en el estudio de arquitectura estuvo dos meses parada y consiguió mediante un concurso-oposición trabajo en el ayuntamiento de un pueblo. Aquí tuvo su primer contacto con el ámbito administrativo y aprendió mucho en los tres años que estuvo allí. Llegó la crisis del ladrillo, que coincidió con una operación de espalda importante, una recuperación lenta y dolorosa y una tarjeta del paro que ya le duraba dos años. Con 35 años, sin trabajo, viviendo en casa de sus padres y casi sin ingresos, la cosa no pintaba muy bien. Digo casi sin ingresos porque María se hizo autónoma y le salía algún que otro trabajillo, pero no le daba para mucho.

Tenía que hacer algo porque no podía seguir así. Era una “nini” con estudios, ¡oh my god! A decir verdad no era una “nini” de libro, ya que seguía formándose y estudiando inglés. Pero llegó el momento de decir ¡hasta aquí! Necesitaba hacer algo, algo diferente para que la situación cambiara. Se iba a poner a trabajar de lo que fuera, pero mejor hacerlo en el extranjero y así mejoraría su inglés, ¿no era una buena idea? Pues sí, dominar un idioma era casi de primera necesidad para poder encontrar trabajo de lo suyo, y su nivel de inglés aún no estaba para ganar carreras de fondo.

¡Mamá! ¡Que me voy! Échame un poco de jamón y el Cola Cao, que allí no hay (lo del Cola Cao se enteró después, cuando una vez allí fue consciente de la cruda realidad).

María tuvo la suerte de tener un hermano con amigos en Londres, que la alojaron hasta que encontró un trabajo.

¡Stop! ¡No me lo puedo creer! Me he saltado lo que no debe faltar en toda buena historia que se precie: una historia de amor. Algunas cosas me las estoy guardando, porque nunca hay que contarlo todo. Pero esto sí, es importante y decisivo para lo que pasó después. 

Antes de decidirse y viajar a Londres, María estaba haciendo un curso semipresencial en Madrid. Ella tiene familia allí: aprovechaba cada viaje para estar con ellos también, ya que no los veía a menudo. Era un curso interesante e importante para su formación.  En su estancia allí conoció a un chico, Martín. Era amigo de su prima. Enseguida conectaron y los dos sabían desde el principio que sus vidas no iban por el mismo camino: diferentes ciudades y objetivos laborales. Sabían que iban a volar y no cogerían el mismo avión. Esto les unió más y se abrieron como personas sin miedo a lo que vendrá, disfrutando del presente, sin presiones ni promesas. (Reflexión: hay que vivir el presente, sin pensar en el futuro ni en lo que toca por edad).

Pues eso, fue una relación bonita, disfrutada por parte de los dos y decisiva, ya que Martín animó a María a dar el paso de irse a Londres, aunque ya lo tenía casi decidido.

La mirada de otra persona puede ayudarnos, sobre todo si es la mirada de una persona querida.  Ver otros puntos de vista, conocer a gente nueva, compartir miedos y experiencias… Todo esto es enriquecedor y nos ayuda a seguir pedaleando.

«La vida es como montar en bicicleta: para mantener el equilibrio hay que seguir pedaleando». Albert Einstein.

¡Ah! El avión de Martín tomó rumbo a Rusia. Ya os contaré cómo le fue a Martín.

¡Bye bye!

María  cogió el avión rumbo a Londres para comenzar una nueva etapa de su vida. Se alojó con los amigos de su hermano que la acogieron como si fuera una hija.  Le chantajeaban con el jamón y el Cola Cao: ¡si no nos das más de esto dormirás en  la calle! María les dio su botín y llamó a su familia para que le enviaran más mercancía. Era una broma, en realidad eran buena gente (pero no me extraña que se les pasara esto por la cabeza).  Echó muchos currículos y tras casi un mes sonó la llamada que la metería en el mundo laboral inglés: iba a ser au pair, niñera interna, con la familia Miller, en un pequeño pueblo de la campiña inglesa situado a 130 km de Londres.

 María tiene dos sobrinos: ésta era su única experiencia relacionada con su futuro trabajo. ¡Agarraos que vienen curvas!

Continuará…

2 comentarios sobre “El sueño de María (I): de arquitecta a au pair

  1. Me has dejado con el alma en un puño, deseando conocer el final.
    Es la segunda vez que escribes sobre «au pair».
    Muy delicada la forma de expresar el otro final feliz.
    Y recoges el pensamiento de Horacio;
    Carpe diem, quem mínimun credula postero.
    Aprovecha el día, sin fiarte para nada del mañana.
    Enhorabuena. Escribes muy bien.
    Abzs.

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