Operación «cambio de armario»

Sólo deseo que me toque el euromillón para no tener que cambiar la ropa de verano por la de invierno cuando llega el frío. Tendría un vestidor dividido en dos secciones y no tendría que meter en cajas ni los zapatos ni la ropa en cada cambio de estación. Es que es un jaleo… Lo voy retrasando y me encajo en mitad del mes de octubre comprando el pan en chanclas y calcetines. Me resisto a abandonar la ropa de verano hasta tal punto que pillo un resfriado, para no variar, como todos los años.

En el maravilloso mundo mágico de los armarios hay prendas que son «de banquillo»: nunca salen de titular y año tras año van cambiando de caja a armario y de armario a caja, sin quejarse, sin jugar ni un partido. Me miran mientras las acuno en mis brazos brevemente y las cambio de sitio y me dicen susurrando: este año tampoco me usarás, no sé para qué tanto viaje… Me da pena desprenderme de ellas aunque estoy cambiando; me he unido a la fiebre de «Marie kondo» y le doy una segunda vida a lo que no me pongo para que se lo ponga otra persona: me desprendo de lo que no uso y gano espacio. Estoy muy orgullosa.

En la operación «Cambio de armario» de cada año, que puede durar un mes (porque lo hago con tranquilidad, para disfrutar del proceso) lo que más alegría me da es descubrir ropa o zapatos que no me acordaba que tenía (ventajas de tener mala memoria) y cuando estoy en pleno proceso, rodeada de ropa, zapatos y cajas es como si estuviera en una tienda de ropa pero sabiendo que no tengo que pagar nada: ohh, ¡vaya! ¡Qué bonito! ¡Y es mío! ¡No me acordaba! ¿Cuándo lo compré?

Y ya que estamos vamos a ordenar el armario: camiseta blanca, camiseta blanca, camiseta blanca… Todos/as tenemos una prenda que compramos una y otra vez y no nos acordamos de que ya tenemos la cantidad suficiente para vestir a todo el vecindario. Mi prenda fetiche es la camiseta blanca. A lo mejor para ti son unos vaqueros, los jerseys de cuello vuelto que los tienes en todos los colores o los pantalones de chándal. Después de darme cuenta de esto me viene un bajón porque veo que no me he puesto la mitad de la ropa de verano que tengo. Gran dilema: ¿ropa de banquillo o expulsión? Una semana más para pensarlo.

Otra fase interesante de esta operación es el cambio de colcha de verano a nórdico o a mantas varias. Yo desde que duermo con el nórdico me ha cambiado la vida: rubio, ojos azules, cariñoso… Nooo, era broma, no hacían envíos a España. Hablando en serio, el nórdico es un invento fantástico. No sé si has sufrido lo que yo sufrí de pequeña, y si has pasado por ello lo entenderás: antiguamente las mantas pesaban un quintal, creo que eran de lana. Si hacía mucho frío pues te ponías tres mantas por lo menos, las cuales te presionaban como una sandwichera haciendo imposible que pudieras dormir boca arriba porque los pies los tenías que poner en primera posición de ballet, notando a los cinco minutos cómo las rodillas te iban hormigueando; y no te digo nada de cambiar de lado, toda una hazaña.

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En el que pienso cuando hablo del nórdico.

La cuestión del nórdico o manta es: ¿cada cuánto tiempo hay que lavarlo? ¿Se lava y se guarda o se guarda y al sacarlo se lava? ¿Se puede meter en la lavadora o se lleva a la tintorería? ¿Ocurre lo mismo con la manta del sofá? Son cuestiones muy interesantes que te voy a resolver ahora mismo: Los expertos de la empresa especializada en ropa de cama The Fine Bedding Company nos aconsejan lavar el edredón y la almohada cada pocos meses y, al menos, dos veces al año.  Las sábanas cambiarlas mínimo una vez a la semana. Y por último lavar antes de guardar las mantas y/o el nórdico hasta la próxima temporada. ¿Te ha quedado claro?

A nivel práctico sería todo más fácil si viviéramos en Vilcabamba, en Ecuador, donde la temperatura media a lo largo de todo el año es de 19,4º centígrados, con variaciones de temperatura que no sobrepasan en promedio los 1,7º centígrados. Este lugar se conoce también como «Valle Sagrado» o «Valle de la longevidad» porque sus habitantes suelen alcanzar una edad avanzada. ¿Lo veis? ¿Creéis que es bueno para nuestra salud hacer el cambio de armario cada año? Pues claramente no. Aquí tenemos la prueba de que pasar por esta experiencia repercute negativamente en nuestra calidad de vida, subiendo los niveles de ansiedad y de estrés. Creo que no le damos la importancia que tiene. Yo lanzaría como noticia más o menos a finales de septiembre, principios de octubre (según la región): Los efectos e incidencias sobre nuestra salud del «cambio de armario». ¿No sale a finales de marzo lo de la Astenia Primaveral? Pues esto tiene más chicha, más hilo del que tirar, no me digas que no. Lo de la astenia primaveral suena a homeopatía.

Vilcabamba - Lonely Planet
Vilcabamba: si me toca el euromillón me mudo, paso del armario grande.

Sólo espero haber terminado con esta operación antes de navidad, porque creo recordar que tengo por ahí unos gorritos de Papá Noel y una diadema con la cornamenta de un remo, que viste mucho para las fiestas.

Mi despedida será una reflexión como si cantara una canción.
Antes de comprar nada piénsalo, porque consumimos un montón.
Tenemos ropa de sobra para regalar y donar
a quien más lo necesita una ayuda darás.
Renueva, recicla y enseña a los demás
que las buenas acciones dan para soñar. 
Soñar con un mundo mejor, para ti, para mí y para los que vienen detrás.

Nota: ¡Y lava tu pijama más a menudo! ¡Y la manta del sofá!

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