El arte de escucharlo todo: ¿superpoder o suplicio?

Si eres de las personas que para poder dormir le ha quitado alguna vez las pilas al reloj del salón, eres de los míos. Sí, sí, se escuchan desde la habitación. También se pueden esconder en un cajón, bajo los cojines o se pueden tirar por la ventana. Pero hay casos peores: dicen de uno que cogió unas tijeras y le cortó el péndulo al reloj de pared: no pudo aguantar más, era él o el reloj. Y ahí se quedó, en el salón, en silencio, a las 16: 14 h. Dos veces da la hora bien al día, para qué más. Yo a este hombre lo entiendo, tenemos el superpoder (o no) de tener un oído fino; o quizás sea que estamos muy pendientes del mundo que nos rodea. A veces es positivo, otras no tanto.

Buster Keaton punches the clock in "The Playhouse" 1921. | Punch clock,  Busters, American horror story
Yo deteniendo el tiempo.

Mi novio se compró un reloj, de esos de diseño, muy bonito. De diseño pero de plástico duro, que suena a 20 metros de distancia. El tic tac de su reloj lo oigo cuando viene subiendo en el ascensor: antes de que llame al timbre ya le he abierto la puerta. El tic tac se me clava en el cerebro y va perforando segundo a segundo mis ganas de estar a su lado. Le regalé otro reloj, el año pasado. Pero como es verano y se moja mucho no quiere estropearlo y se ha puesto el de diseño, el de plástico, el que me recuerda que el paso del tiempo es inexorable, irreversible y real. Cuando le compré el reloj nuevo parecía una inspectora de calidad: me puse en la oreja más de veinte modelos y casi todos hacían ruido. Pero lo encontré y ahí está, en el cajón esperando que llegue el frío, como las setas.

Dicen que hay personas que cuando se callan es como cuando apagas la campana extractora de la cocina: pues a mí me pasa esto con los ruidos. Amo el silencio, amo a las personas que hablan bajito, amo a los que se levantan y no arrastran la silla al ponerla en su sitio y amo a los que cierran la puerta sin dar portazos. Amo a los que sueltan las mancuernas cuidadosamente en el suelo al acabar una serie y amo a los camareros que apilan los platos sin hacerlos chocar como si se acabara el mundo (creo que de estos no hay). Amo a los gatos (porque no ladran), amo el ambiente en las bibliotecas, amo caminar por la noche cuando todos duermen y el amanecer con las calles vacías (esto me lo imagino porque estoy durmiendo). Amo a las personas que no hacen ruido, los susurros y los secretos al oído. Lo único que admito en tonos altos es la risa, la alegría, el placer, el rock, el blues, la ópera y cuando gritan mi nombre para avisarme de que la comida está en la mesa.

No estoy hablando de tonterías, ni mucho menos. Sino que se lo digan a los que tienen al lado a una persona que no puede dormir si uno ronca. ¿Cuántos divorcios han causado los ronquidos? Hay un estudio que revela que un diez por ciento de las causas de divorcio son por culpa de los ronquidos de la pareja. Si el de al lado no es capaz de conciliar el sueño y centrarse en lo que tiene que hacer… Es un problema. ¿Sabes que se puede morir antes por falta de sueño que por falta de comida? Ahora entiendo lo de los divorcios: es elegir entre la vida o la muerte. Diversos estudios revelan que dormir menos de cuatro o cinco horas al día aumenta un 12 por ciento el riesgo de muerte. Así que cuando conozcas a alguien, después de preguntarle por su color favorito le preguntas si ronca, así te ahorras una separación.

Homero Simpson Roncando GIF | Gfycat

Yo vivo al lado de una iglesia y no oigo las campanadas cada hora. He aprendido a no oírlas, supongo que por supervivencia. Lo que aún no he conseguido es ser capaz de quedarme dormida en situaciones donde el silencio brilla por su ausencia: sería un sueño maravilloso, nunca mejor dicho. Quedarme dormida en un autobús, en el tren, en un avión, en la playa… ¡Qué de sueñecitos me he perdido! Y yo pendiente del niño de la sombrilla de al lado que no se quiere comer la fruta. En el bus, la mujer del asiento de delante que se ha quitado los zapatos. En el tren la maleta que me la han movido de sitio y ya no la veo y en el avión leyendo el protocolo de emergencia y buscando las puertas por si hay problemas… ¡Es un sinvivir! Yo quiero ser el típico chico que le ponen el cigarro en la boca mientras duerme, le hacen fotos y no se entera de nada. Prometo no enfadarme.

Pero bueno, no se puede tener todo en esta vida. Me gusta pensar que los que no podemos dormir en los viajes tenemos más probabilidades de vivir si ocurriera un accidente. Además con mi buen oído me enteraría de todo y me pondría en alerta antes que los que están soñando. Tengo que buscar el lado positivo de mi tara.

Me despido hasta la próxima con un poema corto: miles y miles de referencias al silencio, y estamos todo el día dándole al pico. Escuchemos más y hablemos menos, seguro que nos irá mejor a todos.

«Y fue su silencio el que me dio todas las respuestas«.

Vïctor de la Hoz.

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