El silencio como derecho fundamental

Soy una persona que ama el silencio: me encanta, me gusta , me tranquiliza, me cura; me satisface de tal manera que no soporto estar mucho tiempo sin él. Me fascina el sigilo de los felinos cuando caminan, o ver a un perezoso cruzar la carretera. la quietud , la escucha y los secretos al oído. De hecho mi gran sueño era haberme podido dedicar al espionaje, pero se truncó por mi alergia: no podía permitirme estornudar en plena misión, escondida detrás de una cortina o metida en un conducto del aire acondicionado. Ya se sabe que hay muchos ácaros en una cortina y en un conducto en el techo. Esa prueba se pasa en el nivel 1 del Máster especialista en espionaje en la World University de Benalmádena. No la pasé.

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Figura 1. Sería una espía guapa, por supuesto.

Así que esta declaración de intenciones es:

Para el/la camarero/a que pone en orden las sillas de aluminio en la terraza del bar sin ser capaz de levantarlas; y mira que pesan poco.
Para los/as que apilan los platos haciendo que choquen entre ellos para comprobar la resistencia y calidad de los mismos mientras te tomas un poleo menta en la barra del bar. 
Para los/as que suben la persiana al levantarse de la cama y tiran de la cinta como si fuera la cuerda de la campana de la iglesia del pueblo anunciando la misa de las ocho.
Para los/as que la bajan como si estuvieran decapitando a María Antonieta.
Para los/as que abren y cierran  puertas con la fuerza de THOR.
Para los/as fabricantes de tacones que resuenan en la calzada cual caballo en una exhibición hípica.
Para los/as que usan el claxon del coche para saludar, meter prisa o para hacer el estribillo de una canción.
Para los/as que hablan por teléfono y se les oye a diez kilómetros.
Para los/as que conversan con su amigo/a y con todos los desconocidos que les rodean.

Y en especial para mis vecinos de arriba y sus tres hijos pequeños: sobre todo a Noah y a Erik, que los llevo en mi corazón. El tercero es un bebé: aún no puede gritar ni le pueden gritar, así que no sé cómo se llama. Ya ha aprendido a arrastrar una silla como si fuera un taca-taca. Lo llamaré Taca-taca.

Reivindico el silencio como derecho fundamental: pero no el de cuando se te imputa un delito y tienes derecho a guardar silencio: éste no. Mira si será importante aquí el silencio que tienes el derecho al mismo, ¡ante las autoridades! Y aún así se mete mucho la pata.

Quiero un artículo en el que se reconozca la necesidad vital del ser humano a guardar silencio durante al menos 1 h al día, revisable cada 6 meses, por si sale bien el invento.

Podría ser el artículo 43.4 toda persona tiene derecho durante al menos 1 hora al día (exceptuando el horario de 23 h a 7 h de la mañana) para realizar actividades de todo tipo sin ningún ruido externo, respetando la hora de silencio de tu prójimo sea cual sea, con el objetivo de mejorar la salud mental individual y grupal, la productividad y reducir la contaminación acústica. Para que se cumpla este derecho llevaremos una gorra, boina, chapela, casquete, diadema o gorro con una «S» y así los demás verán que estamos en nuestra hora de silencio.

Os pongo un ejemplo: salgo del trabajo para tomarme mi poleo menta en el bar; me siento en la barra, en la esquina, para poder controlar la salida por si pasara algo. Cerca del lavavajillas. Cuando saludo al camarero y él ve que estoy en el momento «S» empieza a ser cuidadoso de que cada plato apilado no choque con el que le sigue. Y lo mismo pasa con el chico que está en la terraza con su gorrita «S»: ya no escuchará a la camarera arrastrar las sillas para ponerlas en su sitio pero verá su cara de sorpresa al comprobar lo poco que pesan.

Yo le pasaré a mi vecina de arriba una nota por debajo de la puerta con mi horario «S» de la semana, junto con una tarjeta de un psicólogo infantil. Les tengo en gran estima porque siguen sin tirarse por el balcón, aunque quizás sea porque viven en un primero. Querrán hacerlo bien.

La hora que he elegido es cuando llegan del cole a medio día. Es la hora más «divertida» para mí. Os regalo una de las conversaciones tipo que se repite cada día:

- ¡Noah! Pon la mesa.
- ¡Noah! La mesa.
- ¡Erik! Llama a tu hermano.
- ¡Erik! Tu hermano.
- ¡Noah! ¡Erik! La comida.
- ¡Noah! Trae a Erik.
- ¡La comida!
- ¡No os lo repetiré más!
- ¿Me queréis hacer caso?
- ¿Voy a tener que ir para allá?      
                   
        
Figura 2. Desesperación es mi nombre

Pues vecina mía, antes del segundo chillido ya tenías que haber cogido a Noah por los pelos y a Erik por las orejas y sentarlos en la mesa. 

O para quien prefiera un método más conciliador: la mami se sienta frente a los niños que están jugando a la Playstation mientras se prepara la comida y les dice con voz dulce y pausada: chicos, os he llamado porque la comida ya estaba preparada. Como no habéis venido a la cocina he supuesto que no teníais hambre así que taca-taca y yo hemos comido. Si tenéis hambre para la hora de la merienda pues ya sabéis lo que tenéis que hacer, os avisaré una vez y no más Santo Tomás.

¿Qué os parece este modus operandi alternativo? Los niños no se van a desnutrir por saltarse una comida; yo dejaría que pasaran un poco de hambre, que huelan el miedo, que sientan las mariposas en el estómago... Me decanto por este método, creo que será más efectivo y aleccionador. Me gustaría ponerlo en práctica pero mi vecina no quiere abrirme la puerta.

Que no, no le he dicho nada sobre mi maravilloso método. La única vez que subí a quejarme fue cuando Taca-taca se llevó 10 minutos arrastrando una silla y al que dio 11 subí, llamé a la puerta y no tuve que articular ni una palabra, os lo digo en serio: abrí mis manos, subí mis cejas y el padre al verme se disculpó y me dijo que ya le había quitado la silla a Taca-taca. 

Después de este suceso no me explico cómo estuvieron esos padres diez minutos de reloj escuchando a Taca-taca arrastrar la silla sin hacer nada. Yo antes de subir intenté lo de dar con la escoba en el techo: ahora tengo dos agujeros en la escayola. Lo que sí noté cuando bajé a casa fueron todas estas bondades que dicen que nos regala el silencio, y que además están demostradas científicamente:

  • Relaja la mente.
  • Alivia el estrés.
  • Reduce los niveles de ansiedad.
  • Estabiliza la tensión arterial.
  • Mejora la calidad del sueño.
  • Favorece la creación de neuronas nuevas (estudio demostrado en ratones).
  • Propicia la autoreflexión y la creatividad.
  • Mejora la percepción y la atención.
  • Favorece el autoconocimiento

Ya nos lo decía la enfermera en la consulta del médico:

Figura 3. Muriel Mercedes (modelo argentina famosa por esta foto que nos pedía silencio en las consultas médicas de todo el mundo)

Desde pequeños estábamos rodeados de señales y no supimos identificarlas. El silencio nos hará libres, nos hará fuertes emocionalmente, nos acercará a la naturaleza, unirá razas e ideologías; los políticos no podrán decir cualquier cosa que se les pase por la cabeza, tendrán tiempo de pensar mientras respetan el momento «S» del que tienen al lado.

Pitágoras ya decía que «El comienzo de la sabiduría es el silencio». ¿Cuántos años lleva criando malvas Pitágoras? Es que ni lo voy a consultar, para no enervarme.

Pero la máxima que más me ha calado, buscando frases sobre el silencio, es la de Mozart. Qué maravilla de reflexión. Sin palabras me ha dejado, muda. En silencio, con mi boina y son su «S» bordada.

La música no está en las notas, sino en los silencios entre ellas.

W. A. Mozart.

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