BLANCOS, NEGROS Y GRISES

No voy a hablar sobre cuestiones raciales: los grises no sabría dónde encajarlos. Tampoco sobre los colores que estarán de moda la próxima primavera: tenemos la suerte de contar con una paleta de tonos muy variada para poder vibrar con nuestro vestuario y alegrarnos el día sin que nos pongan por locos; ahora se lleva todo.

Y yo preocupada por si me pegan los vaqueros negros con los botines marrones…

Quiero reflexionar sobre cómo somos y cómo nos comportamos. ¿Somos buenos o malos? ¿Pertenecemos a uno de los dos bandos o es posible estar en los dos a la vez, nadando entre los grises? ¿La gente cambia con el tiempo? ¿Somos la misma persona que hace un lustro?

En el cine, la televisión y la literatura los buenos y los malos han evolucionado a lo largo de los años. Nuestra tendencia natural nos lleva a etiquetar a cada personaje del cuento: este es malo, este es bueno y este es irrelevante. Ahora nos llevamos más de una sorpresa: los malos ya no lo son tanto ni los buenos unos santos, esa línea no está tan clara. Antes cuando veías una película sabías exactamente quién era quién, desde el principio. Hoy en día no es tan fácil definirlo: incluso el que te creías que era el malo al final resulta ser el bueno. Giros insospechados de guion e historias cercanas a la realidad que enriquecen los guiones de una nueva era del entretenimiento. Y la cuestión es: ¿no es un reflejo fiel del ser humano?

Pienso que esta evolución va de la mano del movimiento «tú por fuera, tú por dentro, tú con los demás, conócete a ti mismo, quiérete, piensa en ti, medita, tú puedes con todo y si quieres puedes». Me refiero a que no eres la persona de hace dos años ni la persona de ayer: no piensas igual, has evolucionado, has aprendido de tus errores, o puede que no. Has vivido una experiencia que te ha hecho mirar con otros ojos. Estamos en un continuo cambio generado por nuestro entorno, nuestras relaciones y lo que nos mueve a cada uno para generar ese cambio. Todo ello por supuesto si estamos abiertos a ello. Y esto se refleja en los personajes que nos acompañan en nuestros ratos de ocio: el malo malísimo ya no es negro o blanco, va tornándose gris porque así es la vida: cambio, metamorfosis, evolución, lucha interna, desesperación, arrepentimiento, aprendizaje y esperanza. Antiguamente no había opciones de cambio, no había tiempo de mirarse por dentro y darse una oportunidad; o por lo menos no había instagram para compartirlo.

También te digo que hay que estar con los brazos abiertos para que la corriente de aire regeneradora fluya y no pase de largo. Siempre me acuerdo de un amigo que dice que «la gente no cambia». Lo dice así, rotundamente. No cree en el cambio. Puede que lleve algo de razón, de manera general: si has sido un naranjo toda tu vida no vas a dar de repente peras, porque no eres un peral. Creo que van por ahí los tiros, a eso se refiere; y lo he explicado de manera muy educada, ¿verdad? Bueno, respeto su teoría. Hay gente que no cambia, que no quiere cambiar y que se niega a que le hagan un injerto para dar otro fruto que no sea la naranja de siempre.

Yo creo que hubo un giro interesante de guion en 1966 con la película «El bueno, el feo y el malo». No podía ser otro que Clint Eastwood el que cambiara el curso de los acontecimientos. Es como una alegoría del ser humano: ni todos somos tan buenos ni tan malos. Y si eres feo… Tendrás que ser por lo menos buena gente. No, ahora en serio. Para mí esta película representa las tres caras del ser humano: la unión de ellas nos hace humanos. No somos perfectos: tenemos nuestra parte buena, nuestros momentos malos y a veces somos muy feos.

En la película tienen que ponerse de acuerdo los tres para conseguir el botín. La representación de las tres caras unidas, trabajando juntas para conseguir el objetivo; aunque se odien, aun sabiendo que son tan diferentes. El principio de una nueva era: no somos lo que parecemos y seguro que te equivocas si intentas juzgar antes de conocer a nadie.

Espera al final de la temporada. Recapacita, mira a un lado y al otro. Piensa. ¿El bueno, el feo, el malo o los tres?

Jane Austen sí confiaba en el cambio: decía que «las personas cambian tanto que siempre hay algo nuevo que descubrir en ellas».

Y lo más apasionante e inspirador de la especie terrícola: los hombres bellos que son malos, los feos que son bondadosos, los malos y encima feos; las mujeres malas y guapas, las feas que son más buenas que el pan; las guapas por dentro y por fuera, el feo que con el tiempo lo ves más guapo y la guapa que cada vez la vez más fea… El encanto del ser humano, la esencia de las relaciones y el embrujo de cómo nos ven los demás, de cómo nos vemos a nosotros mismos y de cómo pensamos que nos ven.

Anaïs Nin decía que: «La vida es un proceso de modificación, una combinación de estados que tenemos que pasar. Cuando la gente no cambia de estado y permanece en él es una especie de muerte».

Para terminar os dejo un microrelato maravilloso, a modo de resumen, de Carmen Peire titulado INCÓGNITA:

Una persona es lo que cree ser, lo que los demás opinan que es y lo que realmente es. Desde esta perspectiva, no se pudo averiguar quién cometió el asesinato.

Y recuerda que si eres malo puedes cambiar, confío en que sí. Aunque si eres feo…

2 comentarios sobre “BLANCOS, NEGROS Y GRISES

  1. Buenísimo, querida Ana. Has tardado un poco en publicar pero este artículo está muy bien madurado en tu cabeza.
    Enhorabuena de un feo, algo malo y algo bueno.
    Te diré que a medida que uno se va haciendo mayor se pierde egocentrismo ganando en altruismo.
    Bss

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