Hace cincuenta años, era casi habitual que un niño o niña fuera bautizado con un nombre compuesto, especialmente para honrar a familiares fallecidos o para mantener vivas tradiciones religiosas. En los años 60 los usaban casi la mitad de la población, aunque esa costumbre se ha diluido hasta apenas el 14 % entre los nacidos desde 2020, y solo el 9,5 % si consideramos a recién nacidos de nacionalidad española.
Quiero pensar que la sociedad ha evolucionado y se ha dejado atrás esa costumbre ya que son un campo de minas para la identidad personal. Nunca sabes si presentarte con el primero, con el segundo, con los dos o con el apodo raro que te ha tocado porque a los diez años te dio por comer espinacas y tu primo empezó a llamarte El Popy. Y al final, entre diminutivos, recortes y errores, nadie se acuerda de cómo te llamas realmente. Por eso ahora triunfan los nombres cortos y minimalistas, que no den pie a confusión ni a traumas.
Numerosos estudios confirman que el nombre que llevas impone sobre ti una especie de guión invisible. Una investigación en el Journal of Experimental Social Psychology demostró que los nombres fáciles de pronunciar generan una percepción inconsciente más favorable: las personas con nombres “fluidos” son consideradas más simpáticas, competentes y tienden a tener más éxito profesional. El nombre no solo influye en cómo nos perciben los demás, sino que puede moldear nuestra personalidad y trayectoria vital. Una investigación del New–Yorker destaca cómo nombres inusuales pueden asociarse con mayores dificultades académicas o psicológicas, mientras que investigaciones más recientes revelan que los nombres «blancos» reciben más respuestas en procesos de selección, incluso entre candidatos con igual currículum. Además, un estudio de la Universidad de Florida muestra que los profesores tienden a esperar menos de los alumnos cuyos nombres suenan a bajo nivel socioeconómico, y que esta expectativa influye directamente en sus notas. Pero aún hay más: investigaciones en PNAS indican que la percepción colectiva de cómo «debe» ser una persona con cierto nombre puede incluso reflejarse en su apariencia física, la famosa “cara–nombre” por profecía autocumplida. ¿A qué se dedicará Kevin Costner de Jesús? ¿Lo llamarán Kevin, Keco, Chús o Jesús?
Esta semana he disfrutado de la visita de mis primas postizas y de ahí esta historia: Marina Diana, Dolores Esperanza y Carmen del Mar. Marina llama a su hermana Esperanza, pero los compañeros del trabajo la llaman Lola y su hermano la llama Loles. A Carmen del Mar su hermana la llama Mar pero en su casa la llaman Carmen y yo he terminado llamando prima a las tres porque me iba a explotar la cabeza. La madre de Marina la llama Diana y Marina Diana cuando alza la voz. Tienen un hermano que se llama Alberto Rafael y sus primos segundos Francisco Alfonso y Alfonso Cecilio: ¿Pero qué pasa en esta familia? Eso sí, con la nueva hornada han aprendido la lección: Hada, Selva, Yago y Hugo. Cortos y sin margen de error, que ya está bien. Pero todo esto es de lo más normalito, porque si nos vamos a generaciones anteriores nos encontramos con Eduvigis, Escolástica, Petronila y Gumersinda; sí, no me lo estoy inventando. Lo que no me explico es que no siguieran con la tradición de rebautizar a las nuevas generaciones con los mismos nombres… Bueno, sí lo entiendo.
Un caso especialmente curioso es el de mi amigo Pedro. Su familia no se ponía de acuerdo: dudaban entre llamarlo Guillermo Luis o Pedro Luis. Al final optaron por Pedro Luis, en honor a su padrino, pero en el registro alguien se hizo la picha un lío y lo inscribieron como Guillermo Luis. Durante nueve años lo llamaron Pedro sin saber que, legalmente, era Guillermo. Cuando se dieron cuenta del error, ya era tarde: el niño respondía a Pedro, firmaba los dibujos como Pedro y no había vuelta atrás. Eso sí, en el trabajo lo llaman Guillermo, que es lo que figura en su nómina.
Como decía J. M. Barrie, “Nuestros nombres son los primeros ecos de nuestra independencia”. Por favor, si vas a ser padre o madre elige bien y no atentes contra el futuro de tu querido bebé.