El llamado “sueño americano” se está transformando en una pesadilla para millones de personas que viven en Estados Unidos desde que Trump volvió al poder. Aún me cuesta entender cómo logró ganar las últimas elecciones; probablemente, muchos de quienes le dieron su voto hoy se están llevando las manos a la cabeza. Resulta absurdo: inmigrantes que llegaron en busca de una vida mejor, apostando por un líder que parece carecer de juicio y cuyo principal objetivo es “limpiar” la nación de la misma diversidad que la ha construido y que, irónicamente, lo ha llevado hasta la Casa Blanca.
Hace apenas un mes, dos amigos míos abandonaron Austin, Texas: Alicia, nacida en San Juan del Puerto en Huelva, y Rob, estadounidense de origen. Alicia se marchó a Estados Unidos buscando un futuro laboral más prometedor, y ahora ambos han salido por patas de un país que, según sus propias palabras, se desmorona a pasos agigantados.
Quiero compartir con vosotros cómo están viviendo el cambio, las diferencias con respecto a cómo se vive aquí, en España. No para presumir de lo que tenemos, sino para recordarnos la fortuna que supone haber nacido en un lugar como este y lo frágil que puede llegar a ser todo cuando entran en juego dirigentes nefastos, conflictos armados o simples giros inesperados del destino.
Rob ahora es feliz por cosas tan sencillas como poder ir andando al trabajo, sin depender del coche para absolutamente todo. Disfruta haciendo la compra en pequeños comercios donde la gente es cercana y amable. Allí los pequeños comercios no existen, sólo están los hipermercados o centros comerciales. Le emociona ver a niños jugando en la calle a las ocho de la tarde y poder cenar a las diez en una terraza, sin que cierre la cocina. Puede salir a correr sin temor a cruzarse con un coyote, y asiste a festivales sin ese miedo latente, tan presente en su país, de que alguien saque un arma y desate el caos entre tanta gente. No es que aquí sea imposible, pero allí es mucho más probable: en Estados Unidos es muy fácil conseguir un arma, y legal si te sacas el permiso.
Alicia ha vuelto a estar rodeada de personas que hablan su mismo idioma, y eso, aunque parezca un detalle menor, es un alivio enorme. Incluso con un buen nivel de inglés, vivir con otro idioma agota: no poder decir exactamente lo que sientes, tener que traducir mentalmente cada palabra, sentirse siempre un poco ajena. Ahora ya no tiene que calcular qué propina dejar, ni ve a ancianos trabajando para poder costear sus medicinas o una simple visita médica. Celebra también haber dejado atrás las temidas hormigas de fuego; aquí, cuando se encuentra con un parque, un jardín, un rincón de césped bajo el sol puede tumbarse tranquila, sin temor a que una hormiga venida del intramundo le arruine el día.

Lo que para nosotros pueden parecer pequeñas cosas, para otros son auténticos lujos: caminar sin miedo, sentarse en un parque, cenar tarde sin mirar el reloj, tener acceso a una sanidad pública o simplemente hablar en tu idioma. A veces olvidamos que eso no es mérito propio, sino puro azar. Hemos tenido la inmensa fortuna de nacer en esta tierra, y eso lo cambia todo. No nos lo hemos ganado: ha sido una lotería del destino.
Como decía Rutger Bregman «La suerte en la vida está en gran parte determinada por el código postal.» ¡Que tenga usted un maravilloso día!
Artículo en Huelva Información: https://www.huelvainformacion.es/ana_santos/