Despropósitos de año nuevo

Los propósitos más demandados cuando empieza un nuevo año son los relacionados con la salud, el dinero, el desarrollo personal, las relaciones y lo laboral: comer más sano, hacer ejercicio, dormir más, dejar los vicios, ahorrar, aprender chino y buscar un trabajo mejor. ¿Qué recomiendan los expertos? Ser específico, empezar de menos a más, visualizar el éxito, evaluar los logros y afrontar los fracasos para ponerles solución lo antes posible.

¿Qué dicen las estadísticas? 3 de cada 10 adultos se plantean cuando empieza el año intentar mejorar y se marcan metas. Alrededor de un 77% las mantiene la primera semana, un 55% durante un mes, el 40% unos seis meses y el 19% consigue durante dos años sus propósitos; muchos me parecen. 

A corto plazo, la mayoría de los que hicieron propósitos dicen haber mantenido al menos algunos. Esto sugiere que el abandono temprano existe, pero no todos fallan inmediatamente. Tendencias recientes muestran una curiosa constante: los jóvenes se fijan más propósitos que los mayores. Tampoco hace falta un estudio para saber por qué: la gente con más años ya tiene experiencia en fracasar sistemáticamente con los objetivos de Año Nuevo. Será por eso que, a cierta edad, una empieza a sospechar que la clave no es proponerse más, sino justo lo contrario: no proponerse nada. ¡Diosito déjame como estoy!

Quizás si lo hacemos al revés consigamos más resultados; yo puedo intentar beber más, salir de fiesta y practicar la asertividad salvaje, esa sin filtros ni educación: la que deja de ser asertividad, vaya. Aunque intuyo que me saldrá caro y será incómodo; llevamos tanto tiempo intentando hacer las cosas un poco mejor… Ir a peor es demasiado fácil e inherente a nuestra persona. Estamos cableados para buscar orden, coherencia y tener sensación de control. No porque seamos especialmente virtuosos, sino porque nuestro cerebro funciona mejor cuando siente que la vida es predecible.

La psicología humanista explica que todos cargamos con una versión imaginada de quienes deberíamos ser: más sanos, más constantes, más organizados. Así los propósitos son un intento anual de acercar el “yo real” al “yo ideal”. Maslow decía que, una vez cubiertas las necesidades básicas, buscamos crecer, aprender, mejorar y sentir que avanzamos. Los propósitos funcionan como una especie de carnet simbólico de acceso a la autorrealización, aunque luego nos quedemos en la planta baja de la pirámide enumerando los despropósitos de otro año fallido. 

Mari Carmen, la hija de Antoñita, vecina de Cueva de la Mora, dice que “buscamos poner orden en la vida porque es más fácil ordenar cajones que ordenar los pensamientos”. Ahí lo dejo.

Deja un comentario