Habrá que ponerse en forma

La vuelta a la rutina tras el verano no sólo marca el regreso a los horarios de trabajo y a las responsabilidades diarias, también es el momento en que muchas personas deciden retomar o iniciar hábitos de ejercicio físico. Septiembre concentra cerca de un 30 % de las nuevas inscripciones en gimnasios, convirtiéndose en el mes con mayor número de altas del año. Este impulso responde a la necesidad de reorganizar la vida tras las vacaciones y recuperar la sensación de disciplina, bienestar y cuidado personal que a menudo queda en segundo plano durante el verano.

Si este verano tu postre favorito ha sido el helado de tutifruti, el tinto de verano tu fiel compañero y tu cuñado cada mañana aparecía con cinco euros de churros, quizá ha llegado el momento de ponerte en serio y empezar a mover esas nalgas. Al fin y al cabo, cariño, tu cuerpo es tu templo, y cuidarlo no es una opción, es una inversión.

Ponerse en forma no es una cuestión de estética, es pura practicidad: la moda es cíclica y sería un crimen dejar abandonados esos vaqueros que te costaron un ojo de la cara. La chaqueta heredada de tu padre es un básico de armario al que no puedes renunciar, y mucho menos permitir que tu sobrino te robe las camisetas de la talla M que tanto te gustan. 

Otra razón es la movilidad, a largo plazo. Piensa en la jubilación y en el Imserso: hay que mantenerse activo para exprimir esos viajes, vigilar el azúcar para aprovechar bien los bufés libres y cuidar las rodillas para bailar la macarena en las fiestas nocturnas del hotel. Y si te apuntas a clases de pintura o vas a jugar al dominó a Mora Claros te vas a encontrar con gente de tu quinta que no veías hace mil años: no puedes permitirte que estén mejor que tú, por amor propio y por dignidad. 

Erika Rischko, con 85 años.

Aquí tenemos un ejemplo de constancia y amor por el ejercicio físico con esta abuela alemana que empezó a entrenar con 55 años cuando su hija la apuntó al gimnasio de al lado de su casa. Es toda una celebridad en Internet, y junto a su marido, cuentan al mundo, a través de sus redes sociales, cómo se mantienen así de bien con la edad que tienen.

Y quizás la razón más poderosa para hacer deporte sea la supervivencia: ¿confías en que tu descendencia cuide bien de ti? Hay más posibilidades de que tu gato te ayude a organizar el pastillero a que tu nieto te haga la compra de la semana. Así que tus opciones son: tener dinero para estar bien atendido si necesitaras ayuda, adiestrar a tu gato o hacer deporte para que las piernas te lleven a donde tú quieras por más tiempo. 

El ejercicio físico duplica las probabilidades de un envejecimiento funcional y saludable y aún así sólo un tercio de los mayores de 60 años cumple las recomendaciones de la OMS. Moverse es la mejor pastilla que se puede tomar contra la pérdida de movilidad, las caídas y las enfermedades crónicas. 

Ya lo decía Hipócrates hace más de 2.300 años: “El ejercicio fortalece al hombre débil, anima al tímido, hace al valiente y preserva nuestra salud.”

Y una frase que me gusta mucho es la que dijo Martina Navratilova (tenista):
“El ejercicio no solo cambia tu cuerpo, cambia tu mente, tu actitud y tu estado de ánimo.”

Diversos estudios han demostrado que la actividad física regular no solo fortalece el cuerpo, sino que también es un gran aliado para la mente. El ejercicio ayuda a mitigar la depresión, mejora el estado de ánimo y fomenta un mayor bienestar personal, reduciendo a la vez síntomas negativos asociados a la ansiedad o al estrés. Una investigación realizada con más de un millón de personas reveló que practicar ejercicio unos 45 minutos, entre tres y cinco veces por semana, se relaciona con una notable reducción en los días con mala salud mental al mes, siendo actividades como el ciclismo, los deportes de equipo o el entrenamiento aeróbico especialmente beneficiosas. Los mecanismos que explican estos efectos son diversos: desde la liberación de endorfinas y la mejora del flujo sanguíneo cerebral, hasta el aumento de la autoestima y la sensación de control sobre la propia vida.


Pues ya lo sabes: aunque la pereza siempre esté al acecho hay que ponerse las pilas y si estas líneas te han servido de empujón para que empieces a cuidarte, me doy por más que satisfecha. Al fin y al cabo, lo he escrito también para mí, porque no he hecho mucho ejercicio este verano y me siento fatal.

¡Ánimo mi arma!

Puedes leer este artículo en el periódico Huelva Información: https://www.huelvainformacion.es/ana_santos/

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