Este jueves se clausura en la sala María Clauss de la Casa Colón de Huelva la exposición El Epentismo Ilustrado, una de esas muestras que, más allá de reunir obras de arte, invita a detenerse en las palabras, en la memoria y en todo aquello que durante demasiado tiempo tuvo que permanecer oculto. La coincidencia de su cierre con la semana en la que la ciudad celebra el Orgullo no parece casual. Más bien funciona como el punto final perfecto para una propuesta que habla de identidad, libertad y visibilidad.
La exposición toma como punto de partida una palabra casi secreta: epentismo. Un término acuñado por Federico García Lorca y utilizado entre algunos miembros de la Generación del 27 para referirse a la homosexualidad en una época en la que nombrarla abiertamente resultaba imposible o peligroso. Como tantas veces ocurre en la historia, cuando la realidad no puede expresarse de forma directa, el lenguaje inventa refugios. Y aquel vocablo extraño, poético y aparentemente inofensivo se convirtió en una contraseña compartida entre quienes reconocían una experiencia común.
Resulta significativo que casi un siglo después esa palabra salga de la intimidad de las conversaciones y los círculos literarios para ocupar las paredes de una sala de exposiciones. Lo que entonces fue código hoy se convierte en relato público. Lo que fue susurro se transforma en discurso artístico.
La muestra, organizada a partir de la Colección Olontia de Arte Contemporáneo y comisariada por Pablo Sycet, propone un recorrido por la presencia de la cultura LGTBIQ+ en el arte español de los siglos XX y XXI. Así se presentan obras de epentistas españoles a caballo entre dos siglos, desde Rafael Agredano, Juan Antonio Aguirre, Antonio Belmonte y Carlos Berlanga, a Guillermo Pérez Villalta, Gregorio Prieto, Enrique Romero Santana, Gerardo Rueda, Diego Figari y Vargas, entre otros.
Pero quizá uno de los mayores aciertos de la exposición sea recordar que la historia de los derechos también puede contarse desde la cultura. Entre las obras aparecen referencias a décadas en las que la diversidad afectiva y sexual fue perseguida, silenciada o condenada socialmente.
Por eso el cierre de El Epentismo Ilustrado coincide de forma tan natural con las celebraciones del Orgullo este fin de semana. Ambas realidades comparten un mismo hilo conductor: el paso de la invisibilidad a la presencia. Del secreto a la palabra. Del margen al centro.
Tal vez esa sea la lección más hermosa de la muestra: que la cultura no solo conserva la memoria de lo que fuimos, sino que también ilumina el camino de lo que aún podemos llegar a ser.

Si todavía no has visitado la exposición, el próximo jueves a las 19:00 horas tendrás una oportunidad única de hacerlo de la mano de su artífice, Pablo Sycet, quien ofrecerá una visita guiada por la muestra. Una ocasión perfecta para descubrir sus claves y significados antes de su clausura.